7 de noviembre de 2015

Penélope no espera.

He deshilachado con mis dedos
las entrañas que me he tejido
hoy, y envidio
desde la más sublime histeria
la suerte de Andrómaca.

Acerco la copa a mis labios,
estéril intento de ahogar una sed 
que no es física,
que no tiene forma
ni término.

Las canas y el perro detestan a Ulises,
maldicen la duda
ramera
que riega su boca
y legan sus pasos.

No soy un final abierto, cerrado, ¡feliz!
El tapiz
de mi vida es mucho más
que la expectativa
de todos los lectores de Homero.