26 de mayo de 2015

Autor: el fuego.

Foto de Lucy Winterlight en Instagram

Podría arañar en mi carne mucho más, pero he desaparecido.

Las súplicas se me quiebran en los labios resecos. No hay dios capaz de salvación ni artífice de ésta, la más terrible forma de inmortalidad. Los siglos acariciarán el espacio que ocupé, y dirán que estaba desnuda porque era puta, cuando lo único que quería era arrancarme a Vulcano de mi carne agrietada y gris; comprenderán que el incendio que me mató no fue de madera y paja y lava, que fue de tejido pulmonar y cenizas, pero dudo que jamás entiendan que, si me tapaba la cara, era porque no quería que mi familia me viera llorar. Espero que sean capaces de adivinar que mi pelo era del color de las tierras de Eritrea, y ojalá puedan contemplar mis paredes azules y mis pájaros y mis flores. Con un último aliento que sabe a azufre rasgo en una esquina del atrio mi despedida. Valete omnes.

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