15 de octubre de 2014

No me quedan verbos —tal vez eso sea lo que más duela—, y mientras que mi lengua está marchita y reseca, mis ojos todavía ofrecen libaciones de pelágico regusto a la misma Luna llena que aquella noche arruinó la técnica de Caravaggio. Y mientras Virgilio nace en Mantua no sabe que en el centro de Hispania alguien intenta grabar a fuego en su mente la rectificación de un verso suyo. <Non> omnia vincit amor, <cessi ego amore, sed> iusto quoque robur amori restitit <is>. No iré contigo al Hades, ni tampoco a Britania.

«Amor vincit omnia», Caravaggio (1601)

30 de junio de 2014

Te respiro y te me pegas a las paredes de la garganta,
denso, fuerte, y ahí te me pudres.
Cada vez que salivo, estás en mi lengua,
sucio, infecto, caliente.
No sé cómo has llegado ahí, si nunca me has tocado.

9 de mayo de 2014

Somnia vana iacent totidem...

Ov.Met.11.614

Hipnótico, hipnótida Morfeo, endiablado artifex simulatorque figurae, ¿qué hybris he cometido para que me condenes, noche tras noche, a este insomnio terrenal? ¿Y contra Cronos, que me tiene contando las arenas del tiempo? ¿Y Eros? Oh, Eros, tú me has obligado a santificar en mis labios —el altar más sangriento— todas las hecatombes, todas, menos las de Hipólito. Exhalo humo, mis labios se queman en la séptima colilla. Ahí te va eso, Selene. Te miro, suplicante, desde la azotea. Préstame una moneda de plata para el viaje.

21 de enero de 2014

Tres años y veinte cartas después.

Culpo a Séneca
y a la inconstancia del hombre
por los últimos tres años.
Y les doy las gracias.