4 de diciembre de 2013

Phaedra.

¿Recuerdas la tarde en que fui Séneca trágico? Fue dolorosamente fácil. Arduo habría sido, en cambio, si se hubiera tratado de Séneca epistolar. Pero Séneca trágico condena el exceso, sólo a través del uso puede condenarlo, y por ello se ensamblan con él, en equilibrio decoroso, mis vastos periodos de hipotaxis y el léxico rococó recompuesto sobre piezas de un latín castellanizado, piezas de mi latín, tal vez más propio del Anneo rapsoda de los campos Ematios que del mentor de Lucilio. Condena el sentimiento, pero, para ello, debe revelarlo. La tragedia es grandilocuente y sesquipedal, y es anegación y aristotélica purificación. También la de Séneca, sobre todo la de Séneca. No podía ser de otra manera, y yo no podía ser otro que Séneca trágico. Aunque tal vez fue un engaño. Tal vez no fui Séneca, sino Fedra. Porque ser Fedra, vehemente, desequilibrada, madre, amante, dueña y esclava, para mí siempre ha sido, en efecto, dolorosamente fácil.

«Phaedra», Alexandre Cabanel (1880)

27 de noviembre de 2013


Lo único que permanece es que todo pasa.
Efímero es un vals, el vuelo de un ángel es efímero.
Tu leve mortandad, lo más fugaz, lo más plácido.

4 de junio de 2013

Deus ridetque, si mortalis ultra fas trepidat.

Hor. Carm. 3. 29

Debes saber que te he querido por encima de la cordura y más allá del vacío.

5 de febrero de 2013

Más duradero que el bronce.



Comprendo a Horacio, comparto su Virgilio
que es Virgilio y es, a la vez, todo lo contrario.


Alcanzan veintiún siglos
y tres segundos y
nunca nos hemos separado.