18 de octubre de 2011

Podría ser fantástico.

Podría pasarme horas derritiendo mis labios en tu cuello y arando suavemente con mis dedos tu espalda, plantando besos en los surcos de mis yemas durante los fugaces atardeceres de otoño. Protegería del gélido invierno mi labor con abrazos e incondicional apoyo y, en primavera, florecerían caricias como mariposas eternas bajo el refulgente sol de estío. Y sí, podría ser fantástico.