1 de abril de 2011

Ellos no creen.


El olor a madera y a libro antiguo, sabio, llena el ambiente silencioso y tranquilo. La Envidia, Aglauro y Europa ante mis ojos, tan reales, tan corpóreas que duele. Russian Red en mis oídos. Y, entonces, Ellos no creen... pero yo, en una anacrónica colisión de acordes musicales discordantes con las letras impresas en el papel que copulan para engendrar historias bellísimas -de sensual cambio- que no explican nada y a la vez lo explican todo, sí creo. Yo creo en Cadmo y en su lucha con la misma fe ciega con la que creo que nos salvaremos.