10 de marzo de 2011

Loving strangers,
Russian Red

Protofilólogos. Nosotros vivimos de las palabras y, sin ellas, estamos desprotegidos. Ni siquiera nosotros, dentro de cuatro o cinco años, sabremos cuándo es conveniente hablar y cuándo es mejor callar. Una persona siente la seguridad de haber hallado el momento en el que sobran las palabras, y otra pierde su oportunidad para pronunciarlas. Descoordinación, descontrol, pérdida... y el presente se convierte en un frío demasiado tarde. Una invocación abandonada, colgada en el aire. Parecía un simple juego de niños por el que no merecía la pena arriesgar algo que se sentía tan bien, tan correcto, tan maduro... Si te encuentras con un imperativo al que no sabes qué responder, simplemente te callas. Pones excusas. Lo dejas pasar, y ahora el inicio de la primavera se siente estepario y sabe a poco.

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