18 de octubre de 2011

Podría ser fantástico.

Podría pasarme horas derritiendo mis labios en tu cuello y arando suavemente con mis dedos tu espalda, plantando besos en los surcos de mis yemas durante los fugaces atardeceres de otoño. Protegería del gélido invierno mi labor con abrazos e incondicional apoyo y, en primavera, florecerían caricias como mariposas eternas bajo el refulgente sol de estío. Y sí, podría ser fantástico.

24 de junio de 2011

Los azules imposibles.

Me abandono al océano y dejo que Poseidón me haga el amor, esperando que con sus caricias y sus leves empellones me lleve al éxtasis más puro y más ansiado. En la orilla, Febo lame la sal de mi ombligo y dora mi piel, mientras Eolo trenza mi cabello con el cuidado con que lo ha hecho durante más de dos mil años.
Y, así, entre dioses quemados y muertos*, la Historia me atraviesa y soy en mí misma y a la vez en todos los puntos la mujer que ve alejarse una trirreme en el horizonte, y soy soldado en Salamina, y soy náufrago (superviviente) en el mar sangrante, y soy niño huérfano, y soy esclava. Esclava del tiempo. Esclava de mi tiempo.


*JLB, Las ruinas circulares.

11 de junio de 2011

Antonio.

Vitae primo novae halitu
illud universi elementum mirum inveni
in quo negare aiere est ageque est totumque est.
Hoc nolo perdere. Te nolo perdere.






Con el primer aliento de una nueva vida,
encontré aquel elemento prodigioso del universo
en el que decir no es decir sí y es ¡vamos! y es todo. 
No quiero perderlo. No quiero perderte.

1 de abril de 2011

Ellos no creen.


El olor a madera y a libro antiguo, sabio, llena el ambiente silencioso y tranquilo. La Envidia, Aglauro y Europa ante mis ojos, tan reales, tan corpóreas que duele. Russian Red en mis oídos. Y, entonces, Ellos no creen... pero yo, en una anacrónica colisión de acordes musicales discordantes con las letras impresas en el papel que copulan para engendrar historias bellísimas -de sensual cambio- que no explican nada y a la vez lo explican todo, sí creo. Yo creo en Cadmo y en su lucha con la misma fe ciega con la que creo que nos salvaremos.


10 de marzo de 2011

Loving strangers,
Russian Red

Protofilólogos. Nosotros vivimos de las palabras y, sin ellas, estamos desprotegidos. Ni siquiera nosotros, dentro de cuatro o cinco años, sabremos cuándo es conveniente hablar y cuándo es mejor callar. Una persona siente la seguridad de haber hallado el momento en el que sobran las palabras, y otra pierde su oportunidad para pronunciarlas. Descoordinación, descontrol, pérdida... y el presente se convierte en un frío demasiado tarde. Una invocación abandonada, colgada en el aire. Parecía un simple juego de niños por el que no merecía la pena arriesgar algo que se sentía tan bien, tan correcto, tan maduro... Si te encuentras con un imperativo al que no sabes qué responder, simplemente te callas. Pones excusas. Lo dejas pasar, y ahora el inicio de la primavera se siente estepario y sabe a poco.

14 de enero de 2011

Berlín, julio de 2010.

Necesitaba desaparecer. Necesitaba desconectar. Me he ido lo más lejos que he podido, me he empapado de cosas que ya no interesan al mundo y me he dejado arropar por el calor de un idioma desconocido, incomprensible. El sol ha quemado cada poro de mi piel y la ha tornado, al cabo, oscura. Pero la noche me sorprende en una cama demasiado grande para mí sola, leyendo desesperadamente sobre Tibero y Calígula, aferrándome -como siempre- a esa historia. La luna, con su tenue resplandor azulado, descorre la cortina de museos y edificios solemnes que cubre mi inamovible vacío existencial. Y lejos de la realidad, lejos de mi mundo y lejos de todo... me dejo morir en tu imagen.