27 de junio de 2010

Ah. Columnas toscanas.

La ciudad se envuelve en una incesante tormenta. Lluvia que golpea con fuerza las aceras, los edificos, a la gente. Con violencia. Con rabia. Una cubierta densa y plomiza, que asfixia el alma y provoca incertidumbre, rompe la calma. Rugidos vehementes suenan una y otra vez y se hacen oír por toda la Calle de Alcalá, vienen desde Ópera recorriendo Arenal. Suenan a Wagner: con sentimiento, siempre. Sentimiento. Sentimiento. Sentimiento. Otra cosa no, pero sentimiento que no falte.
La ciudad exterioriza la electricidad, la tristeza, el agobio, el dolor y la rabia que encierra tu corazón. La Caja de Pandora se ha abierto y no alcanzo a ver los daños que esto causará ni si tendrá solución, si algún día podré encerrarlo todo y vivir en calma de nuevo. Calma de verano, soporífera y ardiente. ¿Cuándo pasará la tormenta? ¿Cuándo el dolor que engendra ira? La tormenta madrileña me envuelve, me arrastra con ella... pero hay más gente, no estoy sola. Están ellos, cobijados bajo las columnas neoclásicas del Casino de Madrid. Y, en medio de tanto fragor y tanto rugido, juego a admirar el Arte. El Arte como tú nunca supiste verlo se alza más bello, más brillante y más potente tras de la cortina de agua gris que limpia la ciudad. Que limpia mi corazón. Ah. Columnas toscanas.

3 comentarios:

  1. No me hacía falta alcohol para reír esa tarde.
    Vosotros me subís más que los 40º del vodka.

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  2. si algún día podré encerrarlo todo y vivir en calma de nuevo...como siempre, me encanta, me encanta. Tienes un gran don.

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